El nuevo estándar de seguridad de Geely: del impacto físico a la protección digital total

24 de junio de 2026
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Antaño, la seguridad de un coche se medía casi sólo por su capacidad para resistir un castañazo contra un muro de hormigón. Esa imagen de los dummies recibiendo el impacto bajo focos cegadores sigue siendo válida, pero se nos ha quedado un poco corta para explicar lo que ocurre hoy día. Con la irrupción del vehículo eléctrico y conectado, la seguridad ha dejado de ser algo puramente mecánico para convertirse en un desafío multidisciplinar que implica software, electrónica y química avanzada.

En este escenario, el grupo chino Geely se ha liado la manta a la cabeza para levantar en Ningbo su nuevo Global Safety Center. Se trata de un complejo que no es moco de pavo, diseñado para que sus futuros lanzamientos en Europa y España no solo cumplan con el expediente de las cinco estrellas Euro NCAP, sino que lideren el ámbito de la protección digital y estructural. La idea es que el conductor se sienta tranquilo tanto si hay un percance en la carretera como si el coche recibe una actualización remota en el garaje.

Cinco récords Guinness para un laboratorio sin precedentes…

La magnitud de este centro de seguridad es tal que ya cuenta con cinco récords mundiales que avalan su capacidad técnica. Hablamos de una superficie que supera los 81.000 metros cuadrados, donde se ubica la pista interior de impactos más larga del planeta, con casi 300 metros de longitud. Esta distancia permite lanzar vehículos a velocidades mucho más altas de lo habitual para recrear accidentes de gran severidad que rara vez se ven en las pruebas de homologación estándar.

Pero no todo es velocidad. El centro también presume del mayor túnel de viento ajustable por clima y altitud, un lugar donde los ingenieros pueden simular desde ventiscas árticas hasta el calor asfixiante del desierto para ver cómo responden los sensores de ayuda a la conducción. Además, disponen de una zona de impactos en ángulo arbitrario que permite analizar colisiones desde cualquier dirección, algo fundamental porque en la vida real los coches no siempre chocan de frente ni de forma ordenada.

Seguridad que no se ve: ciberseguridad y software…

Lo que diferencia a esta instalación es su obsesión por lo que ocurre dentro de los chips del coche. En la era del vehículo conectado, un fallo en el software puede ser tan peligroso como un reventón. Por eso han integrado laboratorios específicos de ciberseguridad donde se ponen a prueba los sistemas contra posibles ataques externos y se valida la robustez de las actualizaciones OTA (Over-the-Air).

El objetivo es que la comunicación entre el coche y los servidores sea totalmente estanca. Se analizan múltiples vectores de ataque para garantizar que el firmware y la transmisión de datos personales estén blindados. Al final, se trata de que la tecnología trabaje a nuestro favor sin que la conectividad se convierta en un punto débil que comprometa la integridad del vehículo o de quienes van dentro.

La batería Short Blade: un seguro bajo nuestros pies…

Uno de los grandes miedos al dar el salto al coche eléctrico es qué ocurre con la batería en caso de accidente. Geely ha respondido con su nueva Short Blade Battery, una tecnología de litio-ferrofosfato (LFP) que ha sido sometida a perrerías como inmersiones en agua salada o compresiones de 26 toneladas. Lo más impresionante es que ha superado pruebas de perforación por clavos sin registrar incendios ni explosiones, algo que da mucha paz mental.

Esta batería no solo es segura por su resistencia física, sino también por su durabilidad. La marca estima que puede aguantar unos 3.500 ciclos de carga, lo que vendría a ser casi un millón de kilómetros de vida útil antes de fallar. Además, su rendimiento en climas fríos es notable, manteniendo casi toda su capacidad operativa incluso cuando el termómetro cae por debajo de los cero grados, un punto donde otros eléctricos suelen sufrir bastante.

Del laboratorio a las carreteras españolas…

Todo este despliegue tecnológico tiene un objetivo muy claro: el mercado global, con un ojo puesto muy de cerca en España. Modelos como el Geely E5 o el Starray EM-i ya se benefician de este ecosistema donde el desarrollo, la validación y la fabricación van de la mano. La marca quiere que se la perciba como un fabricante capaz de imponer sus propios estándares de calidad y seguridad, compitiendo de tú a tú con las firmas europeas más tradicionales. Para que todo esto funcione, la producción se apoya en la Zeekr Smart Factory, una planta hiperautomatizada donde cientos de robots trabajan con una precisión milimétrica.

Allí, la inteligencia artificial y las redes 5G supervisan cada soldadura y cada ensamblaje de la batería para que el coche que llega al concesionario sea idéntico al que superó las pruebas en el centro de seguridad. Al final, la estrategia de Geely pasa por demostrar que la seguridad en el coche eléctrico es un concepto global que abarca desde la primera línea de código en el software hasta la última tuerca del chasis, asegurando que cada avance tecnológico se traduzca en una conducción mucho más predecible y protegida para todos.

Fuente – Geely by Newspress Spain

Imágenes | Geely

Fuente de este artículo: Eléctricos – Actualidad Motor
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