
La preocupación por la duración de las baterías de los coches eléctricos es uno de los principales frenos para su adopción. Sin embargo, los datos reales que empiezan a acumularse pintan un panorama mucho más optimista del que muchos imaginan. Un macroestudio con más de 500.000 pruebas y un caso práctico en Madrid demuestran que la degradación es menor de lo esperado y que, con unos hábitos adecuados, la batería puede aguantar cientos de miles de kilómetros.
La empresa austriaca Aviloo, especializada en diagnóstico de baterías, ha analizado 20 modelos populares de eléctricos en todo el mundo. Los resultados, basados en pruebas realizadas entre 2022 y 2026, indican que la mayoría de los vehículos conservan más del 90% de su capacidad original después de 150.000 kilómetros. Y no solo eso: un MG4 utilizado como VTC en Madrid ha llegado a los 200.000 kilómetros con un 90% de salud de batería, lo que refuerza la idea de que las baterías son más resistentes de lo que se cree.
El estudio de Aviloo, denominado ‘Certified EV Battery Report’, ha recopilado más de 500.000 pruebas independientes en 20 modelos de coches eléctricos, con datos recogidos en Europa, Norteamérica, Sudamérica, Asia y Australia. El indicador utilizado es el State of Health (SoH), que mide el porcentaje de capacidad útil que conserva la batería respecto a su estado original. Según los resultados, la mayoría de los vehículos mantienen un SoH superior al 90% tras recorrer 160.000 kilómetros, e incluso muchos superan el 80% con 300.000 kilómetros.
Los datos desglosados por kilometraje muestran que, a los 50.000 kilómetros, el SoH medio se sitúa entre el 91% y el 97%, mientras que a los 100.000 kilómetros baja ligeramente hasta el 88-95%. A los 150.000 kilómetros, la horquilla se estrecha entre el 87% y el 94%. Estas cifras contradicen el miedo a que las baterías se degraden rápidamente y ofrecen una referencia sólida para los compradores de coches de segunda mano.
Entre los modelos analizados, el Hyundai Ioniq 5 y el Mercedes EQA destacan como los más resistentes. El Ioniq 5 logra un SoH medio del 97,13% a los 50.000 km y del 95,27% a los 100.000 km, mientras que el EQA registra un 96,56% y un 95,01% en los mismos tramos. Otros como el Hyundai Kona EV, el BMW i4 o el Audi Q8 e-tron también obtienen buenos resultados. En el lado opuesto, el Nissan Leaf ZE1 y el Renault Zoe presentan una degradación más acusada, debido principalmente a que sus baterías son más pequeñas y necesitan más ciclos de carga para recorrer la misma distancia.
En cuanto a Tesla, el Model Y, el eléctrico más vendido de los últimos años, muestra un SoH medio del 90,32% a los 150.000 km, mientras que el Model 3 se queda ligeramente por debajo del 90% (88,04%). Aunque son cifras aceptables, quedan en la parte media-baja de la clasificación. El estudio también revela que puede haber variaciones de hasta un 11% en el estado de salud entre unidades del mismo modelo, e incluso de hasta 13,5 puntos porcentuales en el caso del Leaf ZE1. Esto significa que dos coches con el mismo kilometraje pueden tener autonomías muy diferentes.
El análisis de Aviloo deja claro que el kilometraje no es el único factor que determina la salud de la batería. El clima, el tamaño de la batería y los hábitos de carga son igualmente importantes. Las baterías que trabajan en climas cálidos tienden a degradarse más rápido, y dejar el coche aparcado con un nivel de carga alto (100%, 90% o incluso 80%) durante largos periodos acelera el envejecimiento. La recomendación de los expertos es mantener la carga entre el 30% y el 70% cuando el vehículo vaya a estar parado durante tiempo, aunque la química de la batería también influye: las LFP son más tolerantes que las NCM.
Estas conclusiones coinciden con las de otros estudios y con la experiencia de los profesionales. Por ejemplo, el director ejecutivo de Aviloo, Marcus Berger, señala que “muy pocos consumidores saben que no se debe estacionar el coche con una carga del 100, 90 u 80%”. Esta práctica, junto con el uso de cargadores rápidos en exceso, puede reducir notablemente la vida útil de la batería.
Un ejemplo práctico que confirma los datos del estudio es el de un MG4 Standard que trabaja como VTC en Madrid. Este vehículo, matriculado en junio de 2023, ha recorrido 200.000 kilómetros en poco más de tres años, a un ritmo de unos 6.000 kilómetros mensuales. Tras someterlo a un análisis de SoH en un concesionario oficial, se ha comprobado que su batería conserva el 90% de su capacidad original. Se trata de una batería LFP de 49 kWh, una de las versiones de acceso de la gama, que ha soportado un uso intensivo en ciudad y carretera, con temperaturas extremas en verano e invierno.
El conductor de este MG4 asegura que el consumo medio se sitúa entre 12 y 13 kWh/100 km, y que en los días más fríos o calurosos sube hasta 14-15 kWh. Gracias a un cargador doméstico y a una tarifa específica para vehículos eléctricos, su gasto mensual en electricidad ronda los 50 euros para esos 6.000 kilómetros. En cuanto al mantenimiento, solo ha necesitado las revisiones anuales programadas, el cambio de neumáticos delanteros a los 123.000 km y traseros a los 130.000 km, y los discos y pastillas de freno siguen siendo los originales gracias a la frenada regenerativa.
MG atribuye parte de esta durabilidad a su sistema integrado de gestión térmica, que mantiene la batería en un rango óptimo de temperatura, y a la colaboración con CATL, el mayor fabricante de baterías del mundo. Aunque se trata de un caso concreto, demuestra que un coche eléctrico puede soportar un uso profesional exigente sin que la batería se convierta en un problema.
Los datos de Aviloo y la experiencia del MG4 coinciden en una serie de recomendaciones para alargar la vida de la batería. En primer lugar, evitar dejar el coche aparcado con la batería al 100% o por debajo del 20% durante largos periodos. Lo ideal es mantenerla entre el 30% y el 70%. En segundo lugar, limitar el uso de cargadores rápidos siempre que sea posible, ya que generan más calor y aceleran la degradación. En tercer lugar, aprovechar la frenada regenerativa para reducir el desgaste de los frenos y recuperar energía. Y por último, realizar revisiones periódicas del estado de salud de la batería, especialmente si se nota una pérdida anormal de autonomía.
Estas prácticas no solo alargan la vida útil de la batería, sino que también mantienen el valor de reventa del vehículo. En un mercado de segunda mano cada vez más grande, contar con un certificado de salud de batería puede marcar la diferencia. De hecho, varias organizaciones del Reino Unido han pedido al gobierno que introduzca certificaciones obligatorias para aumentar la confianza de los compradores.
En definitiva, tanto el macroestudio de Aviloo como el caso real del MG4 en Madrid demuestran que las baterías de los coches eléctricos son más duraderas de lo que se temía. Con unos hábitos de carga adecuados y un mantenimiento básico, es perfectamente posible superar los 200.000 kilómetros conservando el 90% de la capacidad original. La clave está en entender que la degradación no es un proceso uniforme y que factores como el clima, el tamaño de la batería y la forma de cargar influyen más que el propio kilometraje. Para los conductores que dudan en dar el salto al eléctrico, estos datos son una buena noticia: la batería, lejos de ser un punto débil, se está convirtiendo en uno de los argumentos más sólidos a favor de la movilidad eléctrica.
Fuente de este artículo: Eléctricos – Actualidad Motor
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